Main critic of economic theory from the point of view of thermodynamics. He developed, although left unfinished, the bioeconomic theory. His legacy provides the scientific foundation for ecological economics, and the inspiration for the various zero-growth, strategic retreat and degrowth movements.
The Entropy Law and the Economic Process
The central theme of this book is that the economic process, instead of being a mechanical analogue as traditionally represented in mathematical economics, is an entropic process.
In the ultimate analysis man struggles for low entropy (energy available to do work), and economic scarcity is the reflection of the Entropy Law, which is the most economic in nature of all natural laws. Thermodynamics itself is presented by the author as the physics of economic value and man’s economic activity is in fact an extension and a complement of man’s biological evolution. A complement where man use exosomatic organs, i.e., organs with which he is not endowed biologically but which have evolved through a process of mutation, selection, and diffusion similar to that of biological evolution. For wherever there is evolution, the author argues, there is the work of the Entropy Law with its irrevocable qualitative change. The tight-knit excursus ends with an analysis of some general economic issues, from that of the analytical representation of a process to that of social conflict. The author argues that, because of the very nature of exosomatic evolution, the social conflict will last under any regime as long as there is a human society.
La crítica de NGR a la teoría económica
Una de las tareas centrales de la obra de Nicholas Georgescu-Roegen (NGR) se refiere a la crítica del modelo de producción agregada, que ofrece una explicación de cómo se realiza el proceso económico (Solow, R.M., 1957). Este modelo cuantifica los insumos de entrada al sistema económico —los factores de producción— y cómo se transforman en productos de salida, mediante la ecuación:
1
Donde Y, producto total (PIB), es una función de K, el stock de capital (el capital construido), L, la cantidad disponible de fuerza de trabajo y A, la componente tecnológica, que expresa el nivel de productividad global de los factores de producción.
El modelo del flujo circular (Figura 43) ilustra que los hogares e individuos ofrecen a las empresas los factores de la producción trabajo (L) y capital (K) (vía ahorros que financian la inversión). Con los cuales, más la tecnología disponible (A), las empresas producen los bienes y servicios (Y). El ingreso de los hogares e individuos proviene del pago de las empresas a los factores de producción. En el marco de la teoría neoclásica, la función de producción permite determinar el valor total de lo producido (Y), que se cuantifica mediante el PIB.
Generalmente, se utiliza la ecuación 14 con la formulación Cobb-Douglas[1]:
2
Entropía del proceso económico
Otros economistas (Ayres, R.U. & Warr, B. 2010), han señalado que el residuo de Solow es la exergía, o fracción útil de cada Joule invertido en el proceso productivo. Y muestran que la combinación de los factores capital (K) y trabajo (L) con el factor trabajo físico realizado por las máquinas —cuantificado como exergía[2] movilizada en el proceso de producción— explica casi la totalidad del crecimiento económico observado desde 1900 en los Estados Unidos y otros países desarrollados (Ayres, R.U. et al, 2003). Robert Ayres se cuenta entre los principales promotores de introducir la dimensión termodinámica en el proceso económico.
Pero fue Nicholas Georgescu-Roegen quien realizó, a partir de los años 1960, la crítica termodinámica fundamental a la teoría neoclásica de la economía. La crítica de NGR constituye uno de los mayores desafíos para la teoría económica ortodoxa. Porque mientras que la corriente principal del pensamiento económico ha ignorado su obra, la actual preocupación por la creciente crisis ecológica planetaria reconoce su relevancia. Porque su mensaje central es que la economía debe reconocer que es un subsistema dentro de un sistema biofísico —la biosfera— gobernado por las leyes de la termodinámica. Porque hoy día la disyuntiva de la política económica es si prioriza la sostenibilidad y la viabilidad de largo plazo del desarrollo humano, o mantiene un crecimiento indefinido y una sociedad de consumo de corto plazo.

Nicholas Georgescu-Roegen (NGR) nació un domingo 4 de febrero de 1906, en Constanza, Rumania y murió el domingo 30 de octubre de 1994, en Nashville, Tennessee, USA. Desarrolló una de las más profundas críticas a la teoría económica neoclásica; la más importante desde el punto de vista de la ecología[3]. Su obra creó las bases para el desarrollo de la economía ecológica y el movimiento a favor del decrecimiento. NGR es, sin duda, el más importante economista ecológico del siglo XX; y será —eso esperamos, apostamos a ello— plenamente reconocido en el curso del siglo XXI, conforme avance la transgresión de umbrales planetarios y la humanidad se vea obligada a reaccionar y ajustarse, finalmente, a los límites biofísicos que impone la biosfera.
La obra de NGR es interdisciplinaria (NGR, 1971). Puso a prueba la teoría económica con las leyes de la termodinámica y la dimensión biológica de la sociedad. Consideraba que la economía es en realidad una extensión de la evolución de Homo sapiens porque, a diferencia de los demás seres vivos, cuyos órganos son solamente endosomáticos —resultado de su evolución biológica—, el ser humano ha desarrollado órganos exosomáticos —resultado de su evolución tecnológica (NGR, 2013). Gracias a lo cual nos es posible cocinar, respirar bajo el agua, volar, trasladarse más rápido que un caballo y producir bienes y servicios en cantidades colosales. Quizás por eso abundan quienes creen que podemos continuar nuestra existencia violando leyes biofísicas.
Matemático de formación original, NGR fue un economista heterodoxo y, finalmente, un disidente, muy incómodo. Porque nadie podía enfrentarlo en el terreno de la econometría y, menos aún, en el terreno de la dimensión termodinámica del proceso económico (Carpintero, O., 2006). Proceso que la teoría económica supone circular y reversible, pero que en realidad es un proceso irreversible sujeto a la ley de la entropía.
Este es el argumento central de NGR, el proceso económico es fundamentalmente entrópico, porque, además de transformar recursos de baja entropía (energía y materiales utilizables) en bienes y servicios, simultáneamente los transforma también en desechos (calor residual, desechos, emisiones, contaminación) de alta entropía. Lo cual contradice la suposición central neoclásica del modelo de flujo circular y del crecimiento perpetuo. Por consiguiente, a largo plazo el crecimiento económico continuo es físicamente imposible, porque los recursos de la Tierra de baja entropía son finitos y nunca podrán reciclarse al 100%.
NGR subraya que la economía neoclásica considera el proceso productivo como si fuera un sistema mecánico en equilibrio, utilizando modelos económicos que suponen que los procesos son reversibles, no obstante que la terca realidad demuestre lo contario. Por ejemplo, los combustibles fósiles no pueden recuperarse una vez quemados; las especies extintas son irrecuperables.
En particular, desafía la función de producción, enfatizando que los recursos naturales los subsume en el factor capital (K), o bien los trata como entrantes opcionales, cuando en realidad constituyen la base material de toda producción. Asimismo, por la suposición de que el capital (K) pueda sustituir indefinidamente recursos naturales, lo cual viola leyes físicas. No se puede hacer un pastel solamente con trabajo y equipo de cocina, se necesitan recursos naturales, trigo y energía.
Como alternativa al enfoque de la teoría económica neoclásica, NGR propone un enfoque bioeconómico[4], que reconoce a los seres humanos como entidades biológicas y al proceso económico como extensión de la evolución de Homo sapiens, sujeto a las leyes de la termodinámica. Así, NGR distingue entre factores de fondo: capital (K) y trabajo (L); y factores de flujo: recursos naturales, materiales y energía, que son físicamente transformados y disipados en el proceso económico.
Conclusiones
La crítica de Nicholas Georgescu-Roegen constituye un desafío a los fundamentos de la teoría económica ortodoxa. Y aunque, hasta el presente, la teoría económica dominante haya ignorado en gran medida su obra, la creciente crisis ecológica global obliga, cada vez más, a reconocer sus ideas. Su mensaje central es más relevante y significativo que nunca: la teoría económica ignora las leyes de la física y de la biología, pues no toma en cuenta que el sistema económico es un subsistema de la biosfera, una extensión exosomática de la evolución humana, lo cual impone restricciones biofísicas no negociables.
El proceso económico es fundamentalmente entrópico, porque para producir bienes y servicios transforma recursos de baja entropía (energía y materia utilizables) en bienes y servicios y sus desechos (residuos, emisiones, contaminación, calor residual) de alta entropía. Es un proceso irreversible que evoluciona gobernado por las leyes de la termodinámica, no un fenómeno reversible, lo cual contradice las suposiciones neoclásicas del modelo de flujo circular y de la posibilidad de un crecimiento perpetuo.
El crecimiento económico perpetuo es físicamente imposible a largo plazo, porque los recursos de baja entropía de la Tierra son finitos y no pueden reciclarse al 100%. Todo reciclaje utiliza más energía, genera desechos adicionales y disipa más energía.
Los modelos de la teoría económica neoclásica tratan todos los insumos como factores homogéneos que solo difieren en cantidad; no integran los recursos naturales y la energía como factores de producción indispensables. No distinguen entre factores de fondo y factores de flujo. Y profesan un tecno-optimismo ingenuo que supone posible sustituir, ad infinitum, recursos naturales con nuevas tecnologías.
El concepto de desarrollo sostenible es un oxímoron porque su definición incluye el crecimiento económico, lo cual es insostenible a largo plazo. El enfoque de análisis sobre los límites planetarios demuestra que el crecimiento económico, exponencial desde la Gran Aceleración, ha transgredido ya la mayor parte de estos límites biofísicos.
Los resultados centrales del estudio del Club de Roma sobre los límites del crecimiento mantienen su vigencia. Sus predicciones sobre que la degradación ambiental y la contaminación alcanzarían un máximo durante los años 2030 y que la población continuaría creciendo hasta los años 2050 ya se alcanzan a ver en el horizonte del futuro próximo. Todo parece indicar que su evaluación de que alcanzar un «equilibrio» ecológico y económico, una sociedad sostenible, sólo será posible a condición de aplicar políticas estabilizadoras que detengan el crecimiento de las variables población e industrialización, antes de finalizar el siglo XXI.
En todo caso, hoy día es innegable que la civilización industrial de Homo sapiens ha excedido el espacio planetario seguro para su supervivencia y desarrollo, colocando en alto riesgo el bienestar humano del presente y la viabilidad de las generaciones futuras.
Resultan de especial interés los intentos de algunos economistas ortodoxos —Robert Ayres, entre ellos—, que han intentado integrar la dimensión termodinámica en la función de producción agregada, incorporando la energía como cuarto factor:
3
Faltaría incorporar la materia (residuos, emisiones y desechos de todo tipo) y energía disipados, los recursos naturales que forman parte del proceso económico desde el punto de vista termodinámico. Aunque incluso así nos encontraríamos en una situación de sostenibilidad débil porque, al añadir el factor de los recursos naturales N en esta ecuación:
4
Lo cual implica que:
5
Lo cual supone que el factor recursos naturales puede reducirse proporcionalmente al incremento del factor capital
y/o del factor tecnológico A. Suposición que valida la sustitución de recursos naturales con capital y tecnología (Daly, E.H. 1997).
Pero ni siquiera esto ha sido integrado por la corriente dominante de la economía económica neoclásica.
Por cuanto a las propuestas de que una economía en estado estacionario pueda convertirse en alternativa de sostenibilidad, en realidad se trata de un concepto que ha evolucionado desde la predicción económica clásica hasta convertirse en una necesidad ecológica moderna. Ya algunos economistas clásicos de los siglos XVIII y XIX como John Stuart Mill, Adam Smith y David Ricardo lo veían como un resultado eventual (y potencialmente deseable o fatal) del desarrollo económico. Economistas ecológicos contemporáneos como Herman Daly[5], Robert Costanza[6], Tim Jackson[7], Peter Victor[8], Kate Raworth[9] o Kenneth Boulding[10], sostienen que es un requisito urgente si se quiere alcanzar la sostenibilidad.
Hay que señalar que los economistas que realizan la crítica al crecimiento perpetuo, también ofrecen visiones alternativas de prosperidad, bienestar y florecimiento humano dentro de los límites ecológicos. Ya sea a través de los límites de producción de Daly, el marco de prosperidad de Jackson o los límites del doughnut[11] de Raworth, proporcionando fundamentos teóricos y propuestas de política para un paradigma económico fundamentalmente diferente.
De tal modo, el estado estacionario pasó de ser considerado un destino lejano a ser reconocido una necesidad inmediata. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la transgresión de ciclos biogeoquímicos y demás límites planetarios transgredidos imponen la transición desde una economía dependiente del crecimiento hacia una economía de estado estacionario como uno de los retos centrales del siglo XXI.
Nicholas Georgescu-Roegen va más allá. Explica por qué alcanzar una economía de estado estacionario tampoco haría posible lograr la sostenibilidad a largo plazo[12]. Lo cual demuestra con su teorema sobre la longevidad industrial de la humanidad (ecuaciones 24, 25, 26 y 27). Aunque se trate de una prospectiva de muy largo plazo, aborda el problema central de nuestro tiempo: cómo resolver el conflicto de estrategias para resolver los desafíos de corto plazo y los desafíos de largo y muy largo plazo. En el corto plazo lo urgente es la erradicación de la pobreza —para lo cual la receta indiscutible —hasta ahora— parece ser el crecimiento económico. En el largo plazo lo urgente es empezar a resolver cómo nos adaptaremos a un mundo caracterizado por la sexta gran extinción de biodiversidad, un sobrecalentamiento promedio global de tres o más Centígrados —respecto de la temperatura promedio durante el Holoceno— y el estrés hídrico.
Los escenarios socioeconómicos compartidos (SSPs[13], por sus siglas en inglés), que el IPCC actualizó en su sexto reporte de evaluación (IPCC, 2023), describen las trayectorias posibles de crecimiento, o decrecimiento, de las emisiones de gases de efecto invernadero hacia 2100, lo que dependerá del comportamiento de los diversos factores causales. El reporte considera cinco principales trayectorias posibles, denominadas SSP1-1.9 (muy bajas emisiones, +1.5ºC), SSP1-2.6 (bajas emisiones, +2ºC), SSP2-4.5 (emisiones intermedias, +3ºC), SSP3-7.0 (altas emisiones, +4ºC) y SSP5-8.5 (muy altas emisiones, +5ºC); trayectorias que muestran que hay que ser muy optimistas para aspirar a que la comunidad internacional logre algo mejor que el escenario intermedio
SSP2-4.5.

La única opción es dejar de crecer de la manera que se viene haciendo desde el siglo XX. Lo cual implica que los países más desarrollados debieran frenar su crecimiento —tanto como reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero—, en tanto que los países menos desarrollados mantendrían su derecho a crecer. Porque, mientras los más desarrollados acumularon riquezas durante siglos gracias al saqueo de recursos naturales y fuerza humana de trabajo de sus colonias, éstas se mantuvieron en un insuficiente desarrollo y en la pobreza. Por ello, en toda justicia climática y ambiental histórica, solamente los países en desarrollo están en derecho de continuar su crecimiento, particularmente los más atrasados.
También es un problema de prioridades sectoriales, como es el caso de los sectores de la salud, la educación, o los servicios personales. Porque el crecimiento sostenido del PIB que se observa desde la Gran Aceleración y, particularmente, desde la década de 1970 a la fecha mantiene como mayores beneficiarias a las grandes fortunas y corporaciones del mundo, mientras que el sector laboral y las clases medias se empobrecen —como bien lo señala Thomas Piketty (2013).
Sería sumamente útil —así como el IPCC ha desarrollado escenarios de reducción o incremento de las emisiones de GEI— que, con base en sus estudios sobre extracción de recursos naturales (UNEP, 2011 & 2024), las Naciones Unidas pudieran asimismo desarrollar escenarios de desaceleración del flujo de materiales y energía, por región, por país y por grupo de países, considerando grados de desarrollo y respectivos IDH.
El caso es que la obra de NGR, además de dar soporte al desarrollo del movimiento de la economía ecológica[14], también dio fundamento teórico al movimiento del decrecimiento[15]. Movimiento desarrollado, entre otros, por André Gorz[16], Serge Latouche[17], Vincent Cheynet[18], Jacques Grinevald[19], Tim Jackson[20], Joan Martínez Alier[21] y Óscar Carpintero (2006).
A la vista de toda la información y de los mejores conocimientos científicos disponibles, los límites físicos del crecimiento ya han sido rebasados (Capítulo 2, Figura 19). Las políticas estabilizadoras aplicadas hasta el presente son totalmente insuficientes. Las emisiones de gases de efecto invernadero continúan creciendo; la extinción de biodiversidad y el estrés hídrico se incrementan; los residuos plásticos también, así como todo tipo de desechos y contaminación. La Gran Aceleración continúa exponencialmente. El escenario tendencial anuncia que el rebase continuará en todos los órdenes (excepto, quizás, ojalá, el adelgazamiento y perforación de la capa de ozono).
Parece entonces que el problema ya no es si decrecimiento sí, o decrecimiento no; el problema es cómo lo solucionaremos cuando los límites biofísicos de la biosfera nos lo impongan…
Como anunciaba Nicholas Georgescu-Roegen: «Quizás el destino de la humanidad sea tener una vida breve pero febril, emocionante y extravagante, en lugar de una existencia larga, vegetativa y monótona […] Así, aunque el Homo sapiens sapiens pueda comprender lo que debe hacer por su salvación ecológica, su naturaleza le impide seguir el consejo de la sabiduría. Es cierto que hay una crisis energética, pero parece que la verdadera crisis es la crisis de la sabiduría humana» (NGR, 2011d).
El texto completo se encuentra en: https://www.glocalfilia.com/Biblio/Entropy&Growth/2026_GrowthLim_PBS_Entropy.pdf
[1] https://www.britannica.com/topic/Cobb-Douglas-function
[2] Máximo trabajo útil que se puede extraer de un sistema a medida que alcanza un equilibrio reversible con su entorno. En pocas palabras: capacidad de cierto tipo de energía para realizar un trabajo. https://exergyeconomics.wordpress.com/exergy-economics-101/what-is-exergy/
[3] https://www.universalis.fr/recherche/nicholas%20georgescu-roegen/article/1/
[4] La vida no le dio suficiente tiempo a NGR para concluir su proyecto de publicar un tratado completo de bioeconomía, pero dejó algunos artículos y notas de conferencias que permiten hacerse una idea de la construcción teórica que deseaba concretar. (Véase en la Bibliografía).
[5] https://steadystate.org/herman-daly/
[6] https://www.robertcostanza.com
[7] https://timjackson.org.uk/category/publications/
[9] https://www.kateraworth.com/publications/
[10] https://arachnid.biosci.utexas.edu/courses/thoc/readings/boulding_spaceshipearth.pdf
[11] https://www.kateraworth.com/doughnut/
[12] Lo que muestra con toda claridad la salida del escenario óptimo del estudio sobre The Limits to Growth (Figura 9), la curva del stock de recursos no renovables continúa reduciéndose hasta su agotamiento (en algún momento del siglo XXII, según la tendencia que muestra hacia el futuro).
[13] Shared Socioeconomic Pathways.
[14] La International Society of Ecological Economics: https://www.isecoeco.org ; que edita la revista Ecological Economics desde 1989: https://www.sciencedirect.com/journal/ecological-economics ; así como a la European Association for Bioeconomic Studies, que condujo a la World Bioeconomy Association: https://bioeconomyassociation.org y la European Bioeconomy University: https://www.agroparistech.fr/en/international/international-partnerships/european-bioeconomy-university-ebu-alliance
[15] La International Degrowth Network: https://degrowth.net ; Research & Degrowth International: https://degrowth.org ; Institut d’études économiques et sociales pour la décroissance soutenable : http://www.decroissance.org
[16] https://www.eyrolles.com/Accueil/Auteur/andre-gorz-72941/
[17] https://www.eyrolles.com/Accueil/Auteur/serge-latouche-21850/
[19] https://www.eyrolles.com/Accueil/Auteur/jacques-grinevald-83462/
[20] https://timjackson.org.uk/category/publications/
[21] https://www.socioeco.org/bdf_auteur-1737_fr.html
